Cuando meditamos, muchas veces buscamos un momento de paz, relajación y armonía. Y es cierto que la meditación suele brindarnos esa sensación de tranquilidad, permitiéndonos conectar con nuestro interior y descansar de las preocupaciones del día a día. Sin embargo, no siempre es así.
Es importante saber que durante la meditación, también podemos experimentar momentos que no son tan agradables. Esto se debe a que, al enfocar nuestra mente, a veces sacamos a la superficie pensamientos o emociones que estaban escondidos en nuestro subconsciente.
Según el neurocientífico Michael Merzenich, un líder en el campo de la neuroplasticidad, cuando practicamos una nueva habilidad bajo las condiciones adecuadas, podemos cambiar cientos de millones, e incluso miles de millones, de conexiones entre las células nerviosas en nuestro cerebro. Esto significa que cuando meditamos y enfrentamos viejos temores, podemos crear nuevos patrones en nuestro cerebro que nos ayuden a responder de manera diferente.
Imagina que durante una meditación, de repente recuerdas un viejo temor o una preocupación que habías olvidado. Puede ser incómodo, pero es parte del proceso de liberar esas emociones atrapadas. Es como si estuvieras limpiando un cuarto que no has ordenado en mucho tiempo; al principio, puede haber polvo y desorden, pero al final, te sientes más ligero y en paz.
Cuando comenzamos a comprender qué hay detrás de nuestros miedos y síntomas, ya estamos abriendo nuevas posibilidades para resolverlos. A veces, este nuevo entendimiento es suficiente para cambiar las imágenes dolorosas que guardamos y provocar una liberación que podemos sentir en lo más profundo de nuestro cuerpo. En otros casos, necesitamos rituales, prácticas o ejercicios para integrar completamente lo que hemos aprendido y crear una nueva imagen interna.
Esta nueva imagen puede llenarnos de calma y convertirse en un punto de referencia interno al que podemos volver una y otra vez. Con nuevos pensamientos, sentimientos y sensaciones, comenzamos a establecer una experiencia interna de bienestar que compite con nuestras antiguas reacciones de trauma, reduciendo su poder sobre nosotros.
Así que, si alguna vez tienes una experiencia de este tipo al meditar, no te asustes ni te desanimes. Es parte de la práctica y, a la larga, te ayudará a sentirte más equilibrado y en paz contigo mismo. Cada sesión de meditación es diferente, y todas son valiosas en tu camino hacia el bienestar interior.